El papel de la biopolítica, el control y la dominación durante la pandemia.



Actualmente el coronavirus es una amenaza mucho mayor que el terrorismo y debido a la pandemia se han implementado medidas que han transformado a la sociedad en su conjunto con la implementación de cuarentenas donde todos somos tratados como posibles portadores del virus.

Los países asiáticos como Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Japón, han controlado la pandemia con relativa rapidez y una de sus técnicas es el hecho que el individuo es el foco de vigilancia.

Han implementado una biopolítica que les permite el acceso irrestricto a las personas invadiendo su privacidad.


Sus rigurosos procedimientos recuerdan las medidas disciplinarias que se tomaron en Europa en el siglo XVII ante la epidemia de peste.

El término biopolítica es un neologismo utilizado por Michel Foucault para identificar una forma de ejercer el poder no sobre los territorios, sino sobre la vida de los individuos y las poblaciones. Este tipo de poder es denominado biopoder.

Michel Foucault lo describe de manera impresionante en su análisis de la sociedad disciplinaria. Las casas están selladas desde el exterior. La clave debe ser entregada a las autoridades. Las personas que abandonan en secreto su cuarentena son castigadas con la muerte.

El monitoreo es continuo. Se requiere obediencia incondicional. Cada casa es monitoreada individualmente. Durante la inspección, todos los residentes de la casa deben aparecer en la ventana. Se asigna una ventana a quienes viven en el patio trasero. Todos se llaman por su nombre y se les pregunta sobre su estado de salud. Los que mienten deben enfrentar la pena de muerte. Se está configurando un sistema de registro completo. La sala se solidifica en una red de células impermeables. Todos están atados a su lugar. Los que se mueven arriesgan sus vidas.

En el siglo XVII, Europa se convirtió en una sociedad disciplinaria. El poder biopolítico penetra los detalles más pequeños de la vida. Toda la sociedad se convierte en un panóptico. Es penetrado por la vista panóptica. Los recuerdos de esas medidas disciplinarias están completamente desvaídos en Europa. En realidad, estos son mucho más rigurosos que las medidas que China está tomando ante la pandemia.

Pero se podría decir que la Europa de los siglos XVII y XVIII es la China de hoy que ha establecido una sociedad disciplinaria digital con un sistema de puntuación social que permite una vigilancia y control biopolíticos sin fisuras de la población. No hay un momento que una persona no sea observada en la vida cotidiana. Cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales es monitoreada. También se utilizan 200 millones de cámaras de vigilancia con reconocimiento facial. Aquellos que pasan la luz roja, que tratan con personas que no están de acuerdo con el régimen o que publican comentarios críticos en las redes sociales viven en estado de peligro. Por otro lado, cualquiera que compre alimentos saludables o qué lea periódicos relacionados con fiestas será recompensado con créditos baratos, seguro médico o una visa de viaje.

Este monitoreo continuo es posible en China porque los proveedores de Internet y telefonía móvil intercambian datos con las autoridades sin restricciones. Entonces, el estado sabe dónde está cada persona, a quién ve, qué está haciendo en cada minuto, qué está buscando, en qué está pensando, qué está comprando, qué está comiendo, tienen información de sus movimientos y de sus sentimientos. En el futuro, el estado también podrá controlar la temperatura corporal, el peso, los niveles de azúcar en la sangre y muchos más datos.

La vigilancia digital continua de la población ha demostrado ser altamente efectiva contra el virus. Todas las personas que salen de la estación de tren de Beijing son monitoreadas por una cámara que mide la temperatura de su cuerpo. Si los valores se encuentran fuera de lo normal, se informa por teléfono celular a las personas que estaban en la misma área. El sistema sabe quién estaba sentado en qué parte del tren y a qué hora. Y con la ayuda de datos técnicos se pueden encontrar posibles infectados.


El uso de drones para monitorear la cuarentena se informa en las redes sociales. Si alguien abandona su cuarentena en secreto, se le pedirá que regrese a su casa. Se le puede imprimir una multa que se deja caer sobre la persona.

Hay un cambio de paradigma en la lucha contra la pandemia: la digitalización. Se lucha no solo por medio de virólogos y epidemiólogos, sino también con informáticos y especialistas en Big Data.

En China, Corea del Sur y Singapur se han creado y extendido nuevos sistemas para rastrear a las personas enfermas y sanas, y dónde han estado mediante sistemas de monitoreo, algunos de los cuales utilizan datos de localización por GPS y otros que recogen datos médicos de las personas.


El estudio de la biopolítica como incidencia del poder sobre la vida es cada vez más relevante en el tema del control y manejo del poder en las sociedades contemporáneas.

En la vida moderna, la individualización y la humanización van de la mano al bloquear, aniquilar y suprimir a los seres humanos, su subjetividad y su corporeidad. Se les requiere como fuerza de trabajo, como clientela y como consumidores. A la vez se impone la necesidad de normalizarlos, uniformarlos, disciplinarlos como individuos anómicos y como masa informe. El cuartel, la cárcel, el hospital, la fábrica y las escuelas son instituciones y mecanismos que reproducen de una u otra forma los imperativos sistémicos de la normalización del sujeto.


Los mecanismos de control y vigilancia tan comunes en cárceles y hospitales, salen a las calles, las avenidas, los centros comerciales, las carreteras y los aeropuertos.

La crisis sanitaria abierta por la irrupción del COVID-19 ha provocado, sin lugar a dudas, un auténtico terremoto en la “normalidad democrática”. La pandemia no solamente ha puesto al límite los sistemas sanitarios, sino también a las instituciones y los marcos normativos de los derechos y libertades como base del orden democrático. Observamos, de este modo, cómo la lucha contra el coronavirus amplía el poder de policía del Estado, normaliza la excepcionalidad, el control ciudadano, así como la restricción, cuando no suspensión, de libertades fundamentales bajo la promesa de la vuelta a la normalidad. La militarización de las calles, el monitoreo social, la videovigilancia o la denuncia anónima, son, en consecuencia, el resultado de un autoritarismo biopolítico dirigido a la defensa de la sociedad, cuyos riesgos exceden el combate frente al virus “enemigo”.


“Nueva normalidad” es la expresión que se ha acuñado desde el poder para describir la realidad que nos ha tocado vivir tras la aparición de la pandemia de coronavirus en marzo de 2020.



Tecnología de vigilancia.

Dispositivos y teléfonos inteligentes se están implementando para aplicar las nuevas reglas, así como monitores de pulsera de alta tecnología, señales de ubicación geográfica (GPS), reuniones de máximo 5 personas y fuertes multas para las personas que no lo cumplan.

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