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Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz: El sonido de los tambores anuncia una de las celebraciones más representativas de Querétaro

hace 1 día
4 min de lectura

Septiembre, mes en el que el Centro Histórico de Querétaro cambia su ritmo, el sonido de los tambores, el aroma del copal y el movimiento de los penachos anuncian una de las celebraciones más representativas de la ciudad, la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Durante estos días, los concheros recorren las calles para rendir homenaje a la Santa Cruz. La celebración reúne elementos de origen prehispánico y católico que, con el paso del tiempo, han formado una tradición propia de la ciudad. Más que una festividad religiosa, es una expresión cultural que se mantiene presente gracias a quienes participan en ella y la transmiten de generación en generación.

De la historia a la tradición

Para comprender esta celebración, es necesario regresar al siglo XVI, los antecedentes históricos se relacionan con el 25 de julio de 1531, fecha tradicionalmente vinculada con la fundación de Santiago de Querétaro. De acuerdo con las crónicas de la Nueva España, en el cerro de Sangremal tuvo lugar una batalla entre los conquistadores españoles, aliados con indígenas otomíes encabezados por Conín, posteriormente bautizado como Fernando de Tapia, y grupos chichimecas de la región.

La tradición oral e historiográfica cuenta que la contienda se detuvo después de la aparición en el cielo de una gran cruz luminosa y la figura del apóstol Santiago. A partir de este relato, el cerro de Sangremal quedó relacionado con la veneración de la Santa Cruz. Con el paso de los siglos se desarrolló un proceso de sincretismo, prácticas de danza y elementos rituales de origen prehispánico se integraron con la tradición católica, dando forma a expresiones que hoy forman parte de la identidad de los concheros.

¿Quiénes son los concheros?

Los concheros son grupos de danzantes que mantienen una tradición de danza ritual vinculada con la historia y las prácticas religiosas de distintas comunidades del centro de México. En Querétaro, su presencia está especialmente relacionada con la celebración de la Santa Cruz y con los barrios tradicionales que participan en sus recorridos y ceremonias.

Su identidad se reconoce por la combinación de elementos indígenas y católicos. La danza, la música, los estandartes y los objetos ceremoniales forman parte de una práctica que no se limita a una presentación; para quienes participan, representa una forma de expresar devoción, cumplir promesas y conservar conocimientos transmitidos entre generaciones.

El término “conchero” está relacionado con la concha, un instrumento de cuerda que tradicionalmente se elabora con un caparazón de armadillo; su sonido acompaña a los danzantes junto con los tambores y los caracoles, creando una música característica de estas ceremonias.

Dentro de cada grupo existe una organización definida; las agrupaciones conocidas como mesas de danza cuentan con diferentes cargos y responsabilidades. Al frente se encuentra el general, seguido por capitanes, sargentos y los demás danzantes. Esta estructura permite coordinar los recorridos, las ceremonias y los ensayos. La participación también reúne a distintas generaciones: hombres, mujeres, jóvenes, adultos mayores y niños forman parte de las actividades, haciendo posible que los pasos de la danza, la música y el significado de los rituales se aprendan y continúen con el tiempo.

Una tradición que se escucha y se ve

La vestimenta de los concheros es una de las expresiones más llamativas de la celebración; lucen prendas y accesorios que acompañan los movimientos de la danza y que permiten reconocer la identidad de quienes participan. Los penachos, adornados con plumas de distintos colores, destacan por su tamaño y movimiento; mientras que las prendas pueden llevar bordados, figuras y otros detalles relacionados con la tradición.

En los pies llevan ayoyotes, también conocidos como cascabeles, que producen un sonido característico al marcar cada paso. De esta manera, la vestimenta no solo tiene una función visual, sino que también forma parte de la música de la danza; el movimiento de los danzantes genera un ritmo que se integra con los tambores y demás instrumentos.

Algunos participantes realizan los recorridos descalzos o con huaraches, como parte de sus prácticas de devoción. La música es otro elemento esencial; los tambores marcan el ritmo que guía los movimientos de los danzantes, mientras que las conchas aportan un sonido particular; a estos instrumentos se suman los caracoles marinos, utilizados al inicio de algunas ceremonias para realizar el saludo a los cuatro puntos cardinales.

Los barrios donde vive la tradición

La celebración está estrechamente relacionada con los espacios históricos donde se desarrolla; el barrio de La Cruz y el Cerro del Sangremal forman parte de los principales escenarios de la festividad y tienen una relación directa con el Templo de la Santa Cruz de los Milagros.

Durante septiembre, los recorridos de los grupos conectan distintos puntos de la ciudad, también participan agrupaciones provenientes de otras regiones, cada una con sus propios estandartes, formas de organización y maneras de vivir la danza.

San Francisquito es otro de los barrios tradicionales vinculados con esta expresión, en sus espacios se realizan ensayos y actividades comunitarias que contribuyen a mantener la práctica de la danza fuera de los días principales de la fiesta.

Así se vive la fiesta

Los festejos comienzan oficialmente el 12 de septiembre con la tradicional velación. Durante la noche, los participantes se reúnen para cantar y rezar, mientras las mujeres sahumadoras limpian y purifican el lugar utilizando copal.

El 13 de septiembre, las avenidas principales se llenan de alegría con el desfile de los danzantes, empezando el desfile principal de las mesas de baile que parten desde la zona de los Arcos, recorriendo calles cerradas a la circulación vehicular, con grupos que a menudo se integran desde puntos como San Francisquito, hasta llegar al templo donde colocan los tradicionales chimales (ofrendas monumentales hechas de vara y flores).

Las celebraciones continúan el 14 de septiembre, cuando los grupos bailan durante todo el día en el Templo de la Cruz. Finalmente, el 15 de septiembre aproximadamente a las 4:00 pm los participantes emprenden el regreso a sus hogares tras cumplir con sus mandas y compromisos festivos. Sin embargo, el final de la fiesta no significa el final de la tradición; los ensayos y la preparación continúan durante el resto del año. 



 
 
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