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Los Insurgentes en la Casa de la Corregidora:El teatro que habita el pasado

hace 1 minuto
6 min de lectura

Los Insurgentes: La Casa de la Corregidora vuelve a abrir sus puertas al pasado para revivir las voces, los secretos y las decisiones que cambiaron a México

Por: Lorena Meeser

Asociación Mexicana de Críticos de Teatro A.M.C.T.

Asociación Internacional de Críticos de Teatro I.A.T.C.

A 216 años de la Conspiración de Querétaro, la obra de teatro Los Insurgentes regresa a la Casa de la Corregidora —hoy sede del Palacio de Gobierno— para convertir la historia en una experiencia viva donde el público entra físicamente al escenario real de los acontecimientos. Bajo la dirección y producción ejecutiva de Jorge Flores, junto con la producción asociada de Juan Francisco Barrera, este montaje alcanza en 2026 su vigésima tercera edición tras más de dos décadas de trayectoria, reconstruyendo la inolvidable noche de 1810 en que las aparentemente inocentes tertulias secretas dieron paso al descubrimiento de la conspiración, al camino que condujo la lucha desde Querétaro hasta el inicio de la Independencia de México, y al posterior fusilamiento de Miguel Hidalgo. A través del desdoblamiento de Josefa Ortiz de Domínguez en dos figuras simultáneas y la presencia de personajes clave como Miguel Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Epigmenio González, el espectáculo hace resonar entre sus mismos muros las voces que alteraron el destino del país.

Josefa Ortiz de Domínguez: la mujer que recuerda y la mujer que vive

Uno de los recursos dramatúrgicos más sugerentes de la obra es el desdoblamiento de Josefa Ortiz de Domínguez en dos figuras simultáneas que dialogan entre sí: una joven en el tiempo de la acción, que participa en las tertulias políticas, toma decisiones y descubre las consecuencias del instante en que el secreto deja de serlo; y otra en una cama dentro del tiempo de la memoria, evocando los episodios de su vida y conociendo de antemano un desenlace que la primera aún ignora. Esta solución escénica, particularmente apropiada para una obra histórica, evita una sucesión fría de fechas para darle voz y memoria al pasado, permitiendo que Los Insurgentes le devuelva dimensión humana a un personaje que la historia tradicional convirtió en “La Corregidora” —un título que eclipsó parcialmente a la mujer detrás del mito patriótico— para mostrar a alguien que, desde el espacio doméstico hasta la historia nacional, conoce los riesgos que corre y termina enfrentando una situación límite.

El teatro donde se llevó a cabo la historia

La elección de la Casa de la Corregidora —un inmueble del siglo XVIII que albergó las Casas Reales, la cárcel virreinal y la residencia de los corregidores, antes de convertirse en 1981 en la sede del Palacio de Gobierno de Querétaro— no es un mero detalle escenográfico, sino una fortaleza y un elemento dramatúrgico esencial de la propuesta.

En lugar de requerir un escenario convencional que imite el pasado, la arquitectura de este edificio virreinal no lo representa: forma parte de él. Así, el antiguo patio y sus muros se transforman en espacio escénico y en un personaje adicional que aporta contexto, memoria y presencia. Al ver a la actriz interpretar a Josefa Ortiz de Domínguez caminando y tomando decisiones en el sitio real donde comenzó la conspiración de 1810, el espectador entra directamente en la historia; de este modo, mientras la arquitectura proporciona la atmósfera patrimonial, los actores aportan la emoción, el texto organiza los acontecimientos y el público completa la experiencia con su imaginación.

La obra aprovecha la naturaleza del sitio específico para convertir el espacio patrimonial en un elemento dramatúrgico.

Las tertulias que escondían una conspiración

La obra recrea las reuniones que se realizaban bajo la apariencia de tertulias y encuentros literarios, donde se leía poesía y se escuchaba música. Precisamente esa fachada permitía que las reuniones no despertaran sospechas.

La llamada Conspiración de Querétaro no fue un episodio aislado, sino parte de una red de reuniones, contactos y conspiraciones que involucró a distintos personajes del Bajío.

En Querétaro participaron figuras como Josefa Ortiz de Domínguez, Miguel Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Epigmenio González, entre otros.

El teatro tiene entonces la posibilidad de recuperar no solamente a los grandes protagonistas, sino también a personajes secundarios que permiten comprender que los movimientos históricos son construcciones colectivas.

Cuando la conspiración fue descubierta

Cuando las autoridades descubren que aquellas reuniones aparentemente inocentes escondían la conspiración, todo cambia y los participantes quedan expuestos al peligro. Confinada en sus habitaciones, Josefa Ortiz consigue hacer llegar el aviso a través de Ignacio Pérez —episodio que la tradición popular inmortalizó mediante la célebre imagen de los golpes de sus tacones—, lo que transforma drásticamente el ritmo dramático de la obra: la conversación da paso a la urgencia y al peligro real, donde ya no se trata de discutir qué hacer, sino de actuar de inmediato.

De Querétaro a Dolores

A partir del descubrimiento de la conspiración, la historia abandona el espacio discreto de los conspiradores queretanos para iniciar un levantamiento armado que avanza hacia Dolores, un tránsito que la obra recupera frente a la versión simplificada de los libros escolares al mostrar que la Independencia no nació como un proyecto homogéneo ni perfectamente definido. Con un Ignacio Allende de papel central en los primeros planes y un Miguel Hidalgo incorporado posteriormente, el texto abandona la imagen de una revolución concebida desde el primer día como un plan terminado, condensando en escenas de tensión una complejidad histórica mucho más incierta, llena de decisiones apresuradas, planes cambiantes y diferencias entre protagonistas que debieron actuar antes de lo previsto.

Miguel Hidalgo: del héroe al hombre

Miguel Hidalgo ocupa una posición particular dentro del imaginario mexicano como el Padre de la Patria asociado al Grito de Independencia en Dolores; sin embargo, Los Insurgentes rescata al hombre detrás del símbolo para situarlo dentro de una red de conspiradores, decisiones y circunstancias políticas que lo obligan a actuar. Así, la obra conduce al espectador por un arco dramático completo que transcurre como una tragedia: desde las reuniones aparentemente inocentes hasta el desenlace más oscuro con su captura, juicio y fusilamiento, mostrando el trágico destino de uno de los principales líderes del movimiento.

Una obra que tiene su propia historia

Detrás de Los Insurgentes existe otra historia fundamental: la de la propia puesta en escena. Todo comenzó a gestarse cuando Jorge Flores despertó un profundo interés por la Independencia en 1996 tras estudiar con la historiadora Ángela Moyano —cuya influencia reconoce como clave en su formación—, encontrando en el teatro el vehículo ideal para acercar el pasado al público. Así nació un espectáculo que dio inicio hace más de dos décadas para convertirse en una auténtica tradición de septiembre en Querétaro, habiendo develado en 2023 una placa conmemorativa por sus 20 años en el Palacio de Gobierno y alcanzando en 2026 su 23.ª edición. Aunque a lo largo del tiempo los actores y los equipos de producción han cambiado mientras la investigación se ha enriquecido, la esencia de este encuentro anual permanece inalterable.

La investigación histórica: entre el documento y la escena

La reconstrucción histórica de la obra, asesorada en su libreto por las historiadoras Ángela Moyano Pahissa, Paulina Latapí y José Martín Hurtado Galvez, se extiende mucho más allá del texto para recrear la atmósfera de la época mediante música, bailes y un vestuario fidedigno basado en investigaciones sobre telas, cortes y patrones de la época. Este cuidado técnico resulta fundamental porque la historia no se compone solo de acontecimientos, sino también de sonidos, objetos, colores, modas, gestos y formas de relacionarse: el detalle de una copa sobre la mesa, un vestido, una pieza musical, una conversación o un silencio se conjugan para construir en escena la autenticidad y la sensación de estar ante otro tiempo.

El elenco de 2026

La vigésima tercera edición de la obra reúne a 22 artistas en escena para ofrecer una función de aproximadamente una hora con diez minutos, protagonizada por Román García, Gabriela Lecuna, Zamara Guzmán, Pepe Holmes, Gustavo Domínguez, Catalina Vega, Eduardo Rojas, Luis Enrique Hernández, Leonardo Cabrera, Víctor Carrizal, Alex Tenorio, Fernando Romero y Eduardo Aguilera, junto al resto del elenco. La temporada encarna a figuras históricas clave como Josefa Ortiz de Domínguez, Miguel Domínguez, Ignacio Allende, Miguel Hidalgo, Juan Aldama y Epigmenio González, destacando como elemento central el desdoblamiento de Josefa a cargo de Gabriela Lecuna y Zamara Guzmán: una propuesta en la que dos actrices interpretan distintas dimensiones temporales del personaje para alejarse de la narración puramente lineal y convertir la memoria en un recurso dramático fundamental.

Una tradición queretana

Tras 23 años de trayectoria, Los Insurgentes ha trascendido su condición de proyecto teatral para convertirse en una auténtica tradición del calendario cultural de Querétaro. Su mayor mérito reside en ofrecer una puerta de entrada al conocimiento histórico mediante la emoción —una de las formas más antiguas de la memoria—, logrando un valor particular en la era digital: conseguir que las nuevas generaciones, expuestas al consumo constante de pantallas, videos cortos y redes sociales, permanezcan cautivadas durante 70 minutos escuchando una historia representada en vivo dentro del propio lugar donde ocurrieron los hechos.

Ficha de la temporada 2026

Los Insurgentes 23.ª edición

Dirección y producción ejecutiva: Jorge Flores

Producción asociada: Juan Francisco Barrera

Elenco: 22 artistas en escena

Duración: aproximadamente 1 hora 10 minutos

Lugar: Casa de la Corregidora, Palacio de Gobierno de Querétaro

Hora: 21:30 horas

Entrada: gratuita, con acceso controlado mediante boleto/registro.

Funciones confirmadas:4, 5, 11, 12, 18, 19, 25, 26 y 27 de septiembre de 2026.

La información oficial de Turismo del Estado confirma la temporada y señala que los boletos se encuentran disponibles a través de las Secretarías de Cultura y Turismo; también se difundió un mecanismo de registro digital para reservar los accesos debido al cupo limitado.


























 
 
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