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El esplendor de la memoria: la nueva Magna Sala del MAQRO, donde el barroco dialoga con el espectador

  • hace 10 minutos
  • 4 min de lectura

Por: Lorena Meeser

El esplendor de la memoria: la nueva Magna Sala del MAQRO, donde el barroco dialoga con la

Hay inauguraciones que no sólo abren puertas: reordenan la forma en que una ciudad se piensa, se mira y se narra a sí misma. Eso es lo que ocurre con la nueva Magna Sala de Arte Europeo, Novohispano y del México Independiente del Museo de Arte de Querétaro (MAQRO): un espacio que trasciende la exhibición para convertirse en una experiencia intelectual y sensorial donde convergen siglos de historia, estética e identidad.

En una ciudad como Santiago de Querétaro —custodia de una de las herencias virreinales más importantes de América y protagonista de momentos clave en la historia nacional— esta renovación no es menor: es un acto de memoria viva.

Un escenario de cantera, luz e historia

Para comprender la magnitud de esta nueva sala, es imprescindible comenzar por su continente. El MAQRO habita el antiguo Convento de San Agustín, una de las obras maestras del barroco novohispano del siglo XVIII, considerado por especialistas como uno de los claustros más bellos del continente.

Fundado en 1728, este recinto no fue concebido únicamente como espacio religioso, sino como una arquitectura simbólica. Su célebre patio de cantera —finamente labrada— despliega una iconografía compleja: cariátides, motivos fitomorfos, ángeles y alegorías que reflejan la cosmovisión agustina sobre el orden del universo y la elevación espiritual.

Aquí, la piedra narra. Cada columna y cada arco contienen un discurso visual donde confluyen la tradición europea y su reinterpretación novohispana. Esa fusión —entre herencia importada y apropiación local— es, precisamente, el hilo conductor que retoma hoy la nueva Magna Sala.

Desde su apertura como museo el 22 de septiembre de 1988, el MAQRO ha consolidado su lugar como uno de los recintos culturales más relevantes del Bajío. A 37 años de su fundación, esta renovación museográfica marca un punto de inflexión: el paso de un museo contemplativo a un museo dialógico.

La nueva sala: una genealogía del arte

La Magna Sala reúne 52 obras pictóricas que no se limitan a una lectura cronológica, sino que construyen una auténtica genealogía visual. Bajo la curaduría de Ramón Avendaño Esquivel, el guion museográfico propone una lectura abierta: un recorrido donde el arte europeo se transforma, se adapta y finalmente se redefine en territorio mexicano.

Lejos de la rigidez tradicional, la sala plantea conexiones, influencias y rupturas. El visitante no transita simplemente por el tiempo: lo interpreta.

De Europa a la Nueva España: el origen de un lenguaje

El recorrido inicia con la herencia europea, pieza clave para entender el desarrollo artístico en la Nueva España. Destaca la presencia de Luca Giordano, figura fundamental del barroco tardío, cuya maestría en el uso de la luz y el movimiento marcó profundamente a generaciones de pintores, y la réplica de El rapto de Europa del Veronés pintada en 1857 por el artista Jerónimo Viscardini por encargo de la Academia de San Carlos. 

Estas obras no sólo representan un canon: son el punto de partida de una transformación.

El esplendor novohispano: identidad en construcción

A partir de esa influencia, el arte novohispano emerge como un laboratorio creativo donde técnica y contexto se entrelazan. La sala reúne a grandes exponentes como Miguel Cabrera, considerado el máximo pintor del siglo XVIII en la Nueva España, cuya obra definió el imaginario religioso de toda una época.

Junto a él, destacan figuras como Juan Rodríguez Juárez y Nicolás Rodríguez Juárez, representantes de una dinastía artística que transitó del claroscuro hacia una pintura más luminosa y etérea.

Se suman nombres como José de Alcíbar, Francisco Antonio Vallejo y Nicolás Correa, cuyas obras evidencian la madurez de un estilo que, aunque nacido de Europa, ya hablaba con voz propia.

Aquí, la iconografía religiosa —vírgenes, santos, escenas bíblicas— revela su doble función: instrumento de evangelización y, al mismo tiempo, espacio de reinterpretación cultural. En esas imágenes se esconden también rastros de lo indígena, adaptaciones simbólicas y una sensibilidad profundamente americana.

Hacia la independencia: el nacimiento de una estética nacional

El recorrido culmina en el umbral de un nuevo país. Con la llegada de la independencia, la pintura comienza a desprenderse del discurso exclusivamente religioso para abrazar lo civil, lo político y lo identitario.

En este tránsito destaca Francisco Eduardo Tresguerras, figura clave del neoclasicismo en México, cuya obra encarna la búsqueda de una estética nacional. No en vano se le ha llamado el “Miguel Ángel mexicano”.

Aquí, la iconografía cambia: surgen retratos, alegorías patrióticas y nuevas narrativas que buscan construir una nación desde la imagen.

Iconografía y poder: lo que las obras revelan

Uno de los grandes aciertos de la sala es su enfoque en la iconografía como herramienta de lectura histórica. Cada obra es presentada no sólo como objeto estético, sino como documento cultural.

Las imágenes religiosas, por ejemplo, funcionaron durante siglos como mecanismos de enseñanza y control en una sociedad jerarquizada. Pero también fueron espacios de negociación simbólica, donde lo europeo y lo indígena dialogaron —a veces en tensión, a veces en armonía.

Con la independencia, ese lenguaje visual se transforma. El arte deja de ser exclusivamente devocional para convertirse en vehículo de identidad.

Un museo vivo: arte, comunidad y cultura de paz

La renovación museográfica no se limita al contenido: apuesta por una experiencia contemporánea. La iluminación, la disposición de las piezas y la narrativa visual están diseñadas para generar cercanía, diálogo y reflexión.

Como lo señaló la secretaria de Cultura, Ana Paola López Birlain, el objetivo no es sólo reorganizar obras, sino replantear la relación entre el público y el patrimonio.

En esa misma línea, el director del MAQRO, Antonio Arelle Barquet, subrayó el carácter genealógico de la colección, mientras que la titular del INAH en el estado, Rosa Estela Reyes García, destacó la profundidad histórica y arquitectónica del recinto.

El proyecto —impulsado en colaboración con el INAH, la Asociación de Amigos del MAQRO y la iniciativa privada— refleja un modelo en el que la cultura es una construcción colectiva.

Querétaro: el pasado que se proyecta al futuro

En un estado reconocido por su dinamismo industrial, esta nueva sala recuerda que Querétaro es también un epicentro humanista. Aquí, el arte no es ornamento: es memoria, identidad y posibilidad.

Caminar por la Magna Sala del MAQRO es recorrer la historia de México a través de sus imágenes. Es entender que cada pincelada —desde el barroco europeo hasta el México independiente— forma parte de un relato que sigue vigente.

Porque el museo no sólo conserva el pasado: lo activa.

Y en ese acto, Querétaro no sólo se contempla a sí mismo. Se redefine.


 
 
 

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