Hacienda Atongo: Un viaje al pasado virreinal en el corazón de Querétaro
- hace 6 días
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Por: Lorena Meeser
Hacienda Atongo: el susurro virreinal que renace entre viñedos en el corazón de Querétaro
A solo 30 minutos de Juriquilla, en el municipio de El Marqués, se alza un rincón donde el tiempo parece caminar a otro ritmo. La Hacienda Atongo no es únicamente un vestigio arquitectónico del México virreinal: es una experiencia sensorial que combina historia, vino, gastronomía y hospitalidad en un entorno que respira pasado y presente al mismo tiempo.
Ubicada en la Ruta del Arte, Queso y Vino, esta antigua propiedad colonial se ha convertido en una de las paradas más evocadoras del Bajío queretano, ideal para quienes buscan algo más que una visita turística: una inmersión.

De 1600 a la actualidad: cuatro siglos de memoria
La construcción de la hacienda empezó en 1600 y su casco principal quedó concluido hacia 1651. Sus muros de adobe y piedra, gruesos y sobrios, revelan una arquitectura funcional, sin ornamentaciones excesivas, pero con una elegancia austera que define el carácter rural novohispano.

El nombre “Atongo” proviene del otomí y significa “lugar del señor del agua”, un guiño a la riqueza natural de la zona. Desde finales del siglo XVI —cuando obtuvo su mandamiento de población en 1591— este territorio fue estratégico por sus recursos y su ubicación.

Durante el siglo XVIII, la hacienda alcanzó notoriedad por la cría de caballos finos. De hecho, se le atribuye el primer baño de laja para caballos en México, una innovación notable para la época, lo que habla de la importancia económica que tuvo el lugar.

Como muchas propiedades virreinales, Atongo enfrentó décadas de abandono y deterioro. Sin embargo, en 2011 comenzó un proceso de restauración profundo y respetuoso de su esencia histórica. El resultado no es una reconstrucción artificial, sino una recuperación que permite recorrer patios, corredores y salones con la sensación de que cada piedra tiene algo que contar.

El renacer entre viñedos
Hoy, la hacienda no vive solo del recuerdo. La tierra que durante siglos fue ganadera se ha transformado en viñedo. Atongo cultiva sus propias vides y apuesta por la producción de vino queretano, integrándose con identidad propia al creciente mapa vitivinícola del estado.

Los recorridos por el viñedo permiten conocer el proceso desde la cepa hasta la copa. Entre hileras de vid y horizontes abiertos, el visitante comprende cómo el clima semidesértico del Bajío y la altura de la región influyen en el carácter de los vinos locales.
La experiencia culmina en la cata: vinos jóvenes y frescos que dialogan con el paisaje y confirman que Querétaro no solo preserva historia, sino también cultiva futuro.

“1651 Restaurante”: sabores con memoria
El viaje sensorial continúa en el 1651 Restaurante, llamado así en honor al año en que concluyó el casco principal de la hacienda. Aquí, la gastronomía se convierte en una extensión de la narrativa histórica.

El menú cuenta con ingredientes frescos y locales, reinterpretando recetas tradicionales con una mirada contemporánea. Comer en sus terrazas o salones es hacerlo rodeado de jardines, piedra antigua y el murmullo de un manantial natural que atraviesa la propiedad. El ambiente virreinal no es escenografía: es atmósfera viva.
Es el tipo de lugar donde el tiempo se diluye entre una copa de vino y un platillo cuidadosamente presentado.

Hotel boutique: dormir entre muros del siglo XVII
La experiencia se completa con el Hotel Boutique Hacienda Atongo, que cuenta con 14 habitaciones, cada una distinta, decoradas al estilo de las antiguas haciendas mexicanas. Algunas conservan elementos originales de la construcción, integrados con sensibilidad al confort contemporáneo.
No se trata de lujo ostentoso, sino de elegancia histórica: techos altos, muros gruesos, mobiliario que evoca otra época y vistas a jardines amplios que invitan al descanso.

Escenario de celebraciones memorables
Gracias a sus extensos jardines y salones, la hacienda se ha convertido en uno de los escenarios más solicitados en Querétaro para bodas y eventos empresariales. Su capacidad —que puede adaptarse desde 100 hasta 5,000 invitados— permite realizar desde celebraciones íntimas hasta grandes encuentros sociales.

Casarse o celebrar un evento aquí implica algo más que rentar un espacio: es apropiarse por unas horas de un fragmento del México virreinal.
Una parada obligada en el Bajío
Visitar la Hacienda Atongo es recorrer casi cuatro siglos de historia sin salir del presente. Es caminar por corredores donde resonaron cascos de caballo, degustar vinos nacidos en la misma tierra que vio florecer la colonia y descansar bajo la sombra de muros que han sobrevivido a guerras, reformas y transformaciones sociales.

Ubicación: Domicilio Conocido S/N, Atongo, El Marqués, Querétaro.
Actividades: visitas guiadas históricas, recorridos por el viñedo, catas de vino, experiencias gastronómicas y hospedaje boutique.
En una región que ha sabido reinventarse como polo turístico y vitivinícola, Hacienda Atongo destaca por algo esencial: no es una atracción creada para el turismo, es un lugar auténtico que encontró en el turismo una nueva forma de vida.
En el Bajío queretano, donde el pasado se entrelaza con la innovación, Atongo es prueba de que la historia, cuando se cuida, puede volver a florecer.
Hay que visitar el casco de la hacienda totalmente restaurado, escuchar la caída de agua del manantial natural, recorrer sus jardines, ir a un recorrido por el viñedo y las trojes, disfrutar de variados platillos en el Restaurante 1651 con una excelente oferta de la gastronomía mexicana y posteriormente asistir a una cata de vinos en la Cantina La Cuadra.

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