El Cisne Verde: próxima crisis financiera sistémica.


La pandemia que estamos viviendo es un aviso de que no estamos preparados para lo que viene y expertos advierten que una crisis climática de dimensiones catastróficas, conocida como “Cisne Verde”, podría llevarnos a una crisis financiera para la cual la humanidad no está preparada.

Tomando la figura del cisne negro (que se usó en el 2008 para nombrar episodios que no estaban pronosticados y que impactaron la economía a nivel mundial), el Bank for International Settlements (BPI) tomó la metáfora de un Cisne Verde para referirse a una crisis financiera provocada por el cambio climático para lo cual publicaron el libro "El Cisne Verde", con una investigación realizada por Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svartzma.

Pablo Ramírez, experto en clima y energía de Greenpeace, dijo a EFE que el COVID-19 es un aviso de un “Cisne Verde”.

Andrés Ángel, asesor científico de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), afirmó que el origen del COVID-19 tiene una relación muy cercana con el tráfico de especies y el uso indiscriminado de la fauna silvestre.

La destrucción de los habitats naturales hacen que las especies se desplacen y animales como el murciélago o el pagolin se vean más expuestos al contacto con las personas en las ciudades y esto aumenta la posibilidad de transmisión de enfermedades que son propias de la vida salvaje y que se contagian a los humanos como es el caso del SARS-COV-2.

El calentamiento global está derritiendo Groenlandia a una velocidad increíble, seis veces más que a la Antártida y ese deshielo puede exponer a que microorganismos que han estado enterrados desde hace millones de años se liberen y causen un gran daño ya que nunca hemos convivido con ellos.

Lo que viene después de la pandemia es algo que no se puede predecir. El regreso a la producción va a afectar nuevamente el clima y obviamente muchos países van a querer recuperar el tiempo perdido por la crisis del coronavirus.

El regreso de contaminantes a la atmósfera traerá consigo lo que ya se tenía previsto desde antes de la pandemia: desastres naturales de mayor magnitud, escasez de recursos hídricos, pérdidas de cosechas y enfermedades relacionados con el cambio climático, como el dengue, que representa un riesgo permanente para la humanidad.

Las alteraciones en los ecosistemas no son reversibles y las crisis pueden ser a largo plazo.

La única opción que tenemos para frenar los efectos del cambio climático recae sobre el “Acuerdo de París” por lo cual debemos seguir los lineamientos ahí establecidos.

La pandemia del coronavirus ha dado un respiro al planeta pero no ha cambiado la estructura social.

Los científicos nos alertan que la meta que debemos tener en mente como planeta es bajar 1.5 grados la temperatura de la tierra para regresar a temperaturas de la época pre-industrial a finales de 1800.

La tendencia indica que para finales de siglo vamos a estar 4.5 grados arriba. Si esto se cumple, se avecinda un colapso socio-económico donde los efectos del “Cisne Verde” dejarían de ser esporádicos para volverse periódicos, lo cual tendría efectos catastróficos.

Los fenómenos meteorológicos extremos, como los incendios en Australia o los huracanes en el Caribe han aumentado su frecuencia y magnitud, provocando grandes costos financieros.

Esto asociado a recortes en la producción, alzas repentinas de precios, destrucción física de centros productivos, pueden tener un impacto directo tanto en el crecimiento económico de un país, como en la salud financiera de empresas e instituciones financieras.

¿Cómo enfrentar la llegada del Cisne Verde?

Lo cierto es que en los círculos financieros no hay una respuesta. Los autores del libro "El Cisne Verde" advierten que los modelos predictivos del pasado no están diseñados para responder a esta nueva amenaza climática.

Por eso urge que los expertos desarrollen nuevas fórmulas que permitan enfrentar los riesgos asociados a eventos climáticos extremos.

Pero mas allá de eso, los autores advierten que si se produce una crisis financiera como la que ocurrió en 2008, los bancos centrales ya no tendrían como "salvar al mundo".

En esa época, jugaron un rol vital para contener una catástrofe económica bajando las tasas de interés a niveles históricamente mínimos.

Pero una década después tienen poco espacio de maniobra para estimular y empujar el crecimiento económico.

En el libro "El Cisne Verde", los autores identifican cinco tipos de riesgos asociados al cambio climático que pueden contribuir a que se produzca una crisis financiera:

Riesgo crediticio: el cambio climático puede inducir un deterioro en la capacidad de los deudores para pagar sus compromisos. Además, la posible depreciación de los activos utilizados como garantía de los préstamos, también puede contribuir a aumentar los riesgos crediticios.

Riesgo de mercados: si hay un cambio brusco en la percepción de rentabilidad de los inversionistas, pueden producirse ventas rápidas de activos (liquidaciones a precios bajos), lo que podría desencadenar una crisis financiera.

Riesgo de liquidez: el riesgo de liquidez también podría afectar a los bancos y a las instituciones financieras si no logran refinanciarse a corto plazo, algo que podría conducir a un cambio de gran magnitud.

Riesgo operativo: se produce cuando las oficinas, los sistemas informáticos o los centros de datos pueden verse afectados por un evento climático extremo.

Riesgo de cobertura: en el sector de las aseguradoras, podría desencadenarse una cantidad de reclamos mayor a la esperada, poniendo en jaque a las empresas.

El tema de los efectos financieros y económicos del cambio climático ocupó un lugar destacado este año en el Foro Económico Mundial de Davos donde se reúne la élite empresarial y política del mundo.

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