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Martha Kuri: convertir el dolor en fuerza y la vida en un acto de servicio

  • hace 6 días
  • 5 Min. de lectura

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la psicóloga y tanatóloga comparte una historia marcada por la resiliencia, la pérdida, la enfermedad y la profunda convicción de que incluso en los momentos más oscuros es posible encontrar un propósito para ayudar a los demás.

Por: Lorena Meeser

Hay historias que hablan de éxito y hay otras que hablan de supervivencia, transformación y sentido. La vida de Martha Kuri pertenece a estas últimas: una historia donde la adversidad no se convirtió en derrota, sino en un motor para reconstruirse una y otra vez.

En el contexto del Día Internacional de la Mujer, su testimonio representa el de miles de mujeres que han aprendido a convertir el dolor en fortaleza y a transformar las heridas en una forma de acompañar a otros en su propio proceso de sanación.

Una vida forjada en valores

Descendiente de abuelos españoles y libaneses, Martha Kuri nació en Orizaba, Veracruz, dentro de una familia profundamente arraigada en valores.

De su padre, Yamil Kuri, heredó el amor por el trabajo y el espíritu emprendedor. De su madre, Sabina González, aprendió el sentido de la lucha y la importancia de los principios familiares.

Aquella formación, basada en el cariño y en sólidos fundamentos éticos y morales, marcaría profundamente su forma de relacionarse con la vida, con su familia y con la sociedad.

Cuando tenía 15 años, la familia se mudó a Querétaro, ciudad donde Martha ha construido gran parte de su historia personal y profesional.

Tiene cuatro hermanos —Mauricio, Ernesto, Yamil y Paulina— y cuatro hijos: Humberto, Bibi, Tania y Carolina, quienes representan el eje de su vida. Carolina, sin embargo, vive hoy en su memoria y en su corazón.

El dolor que cambió el rumbo de su vida

Uno de los golpes más profundos que ha enfrentado Martha fue la pérdida de una hija, una experiencia que transformó radicalmente su existencia.

Lejos de paralizarla, ese momento la llevó a tomar una decisión que marcaría su camino:

Convertir su dolor en una forma de servicio para otros.

“Desde su partida juré que en su nombre iba a ser muy feliz y que dedicaría mi vida a ayudar a la gente en su sufrimiento”, afirma.

Convencida de que su muerte no fue en vano, Martha decidió estudiar psicología clínica para acompañar a personas que enfrentan pérdidas, crisis emocionales y momentos difíciles.

La vocación de sanar

Su formación se amplió con estudios en constelaciones familiares, terapia regresiva reconstructiva y una especialidad en psicología infantil.

Con el tiempo, su práctica se orientó también hacia la tanatología, disciplina dedicada a comprender y acompañar los procesos de duelo y pérdida.

Para ella, su profesión no es solo un trabajo.

“Mi profesión es mi misión de vida. Ayudar como psicóloga o tanatóloga me hace vibrar y me llena profundamente”.

La resiliencia frente a la enfermedad

Como si la vida quisiera poner nuevamente a prueba su fortaleza, Martha enfrentó también cáncer de mama, un proceso que implicó 21 quimioterapias, 20 radioterapias y una cirugía, durante un tratamiento que se prolongó por un año y medio.

La enfermedad, sin embargo, no apagó su espíritu.

Por el contrario, la acercó aun más al sentido profundo de la existencia.

“Primero acepté mi destino. Estaba preparada para quedarme o para irme. Empecé a ayudar a otras mujeres y eso me hizo olvidar lo mío”.

Durante ese proceso, encontró fuerza en su familia, en la meditación, en la escritura y en una convicción renovada de que la vida es breve y merece ser vivida plenamente.

La resiliencia como identidad

Cuando se le pregunta quién es Martha Kuri, su respuesta es directa:

“Soy una resiliente que se ha reinventado muchas veces a lo largo de la vida”.

Esa capacidad de reconstruirse es la que la ha llevado a convertir cada experiencia difícil en un aprendizaje.

El dolor, afirma, puede ser un maestro poderoso cuando se entiende su propósito.

La mujer del siglo XXI

Para Martha, la mujer contemporánea enfrenta un desafío complejo: equilibrar múltiples roles al mismo tiempo.

Ser madre, profesional, cuidar su salud, su hogar, su desarrollo personal y su crecimiento espiritual.

A pesar de los avances, reconoce que aún persisten desigualdades importantes:

  • acoso laboral

  • violencia intrafamiliar

  • feminicidios

  • desigualdad de oportunidades

“Todavía hay mucho por qué luchar, pero sé que unidas lo lograremos”, afirma.

El significado del éxito

A diferencia de la visión tradicional del éxito, Martha lo define de una forma profundamente humana.

“El éxito es ver a alguien que transforma su vida gracias a una terapia o a un taller”.

Para ella, no hay mayor satisfacción que observar cómo una persona recupera la esperanza y la plenitud.


La sabiduría del fracaso

En su filosofía de vida, el éxito y el fracaso forman parte del mismo aprendizaje.

“El éxito lleva implícito el fracaso. La sabiduría está en entender que no somos nuestro éxito ni nuestro fracaso; somos un alma como todas”.

Ese principio la ha llevado a mantener siempre una actitud humilde frente a la vida y frente a sus propios errores.


La soledad como espacio de crecimiento

A diferencia de muchas personas que temen la soledad, Martha la considera un espacio necesario para reencontrarse consigo misma.

“La soledad me gusta. Tomo energía de ella. Me gusta estar conmigo”.

Ese momento de introspección le permite meditar, leer y profundizar en su conexión espiritual.

Pasiones que alimentan el alma

Entre sus mayores gustos se encuentran la meditación, la lectura y el ejercicio.

Disfruta especialmente de novelas históricas, autores como Jorge Luis Borges y Albert Camus, así como de filosofías espirituales como el budismo y el hinduismo.

Admira profundamente a mujeres que han transformado su época, como Frida Kahlo y Simone de Beauvoir, a quienes considera símbolos de fortaleza intelectual y moral.

También disfruta correr, cocinar —especialmente comida árabe, española y mexicana— y compartir momentos con su familia y amigos.

Un mensaje para las mujeres

Para aquellas mujeres que comienzan un proyecto o enfrentan momentos difíciles, su consejo es claro:

“Crean en ustedes mismas, busquen ejemplos de vida, pidan ayuda y sean valientes”.

A las mujeres que atraviesan un proceso de cáncer les recuerda que, aunque no es fácil, sí es posible atravesarlo con dignidad y esperanza.

El humor, la buena alimentación, la actividad física cuando es posible, la meditación y el amor de los seres queridos pueden marcar una gran diferencia.

La vida, incluso en las peores circunstancias

La frase que guía su existencia resume su filosofía:

“La vida vale la pena aun en las peores circunstancias”.


Hoy, Martha Kuri continúa dedicando su tiempo a terapias, talleres y acompañamiento emocional, con la convicción de que cada experiencia vivida —por dolorosa que sea— puede convertirse en una oportunidad para crecer y ayudar a otros.

Porque, al final, su historia demuestra que la verdadera fortaleza no consiste en evitar el dolor, sino en transformarlo en luz para los demás.

 
 
 

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