Diez años de arte y cariño: Trámite Buró de Coleccionistas

A más de uno le ha pasado: entra a la sala de un museo de arte contemporáneo y se detiene frente a una pieza difícil de descifrar. Algunos siguen de largo; otros intentan averiguar qué quiso decir el artista, mientras que hay quienes prefieren quedarse con las sensaciones que les provoca contemplarla. ¿Me gusta o no me gusta? ¿La compraría? ¿Cuánto cuesta y quién decide su precio? ¿Qué significa ser coleccionista? ¿Qué función cumple el arte en la contemporaneidad? Y quizá la pregunta más importante: ¿qué es el arte contemporáneo? Esas y otras preguntas atraviesan Trámite Buró de Coleccionistas, una plataforma queretana que desde hace diez años busca conectar a quienes dan forma al mundo del arte en el estado y la región del Bajío: artistas, galerías, museos, curadores y coleccionistas.
El proyecto nació de la inquietud de dos amigos —la gestora cultural Bianca Peregrina y el artista José Miguel Loyola— ante la falta de espacios para el arte contemporáneo en Querétaro. «Ni siquiera había un museo de arte contemporáneo en ese entonces», recuerda Bianca. En aquella época, las galerías de la ciudad se inclinaban principalmente por exhibir arte moderno. Pero que el arte contemporáneo no estuviera en esos espacios no significaba que no existiera. Había artistas creando nuevas propuestas desde sus estudios y, muchas veces, sin conocerse entre ellos.

Fue así como crearon «los convites», encuentros organizados en distintos lugares donde personas que no necesariamente se conocían se reunían para compartir sus proyectos. Aquellas primeras reuniones comenzaron a propiciar conversaciones y, poco a poco, a articular un diálogo alrededor del arte contemporáneo y las industrias creativas en la ciudad. A partir de esos encuentros surgió una nueva pregunta: ¿por qué no hacer una feria de arte contemporáneo en Querétaro? Sin embargo, Bianca y Miguel pronto descartaron la posibilidad de replicar el modelo que ya existía en Ciudad de México, donde en ese momento se realizaban ferias como Zona Maco, Material y Salón ACME, a unas tres horas de distancia.
En lugar de competir contra ese circuito, decidieron crear un espacio que, sin tener como objetivo principal la venta, conectara distintas partes del ecosistema artístico: desde la producción y la difusión hasta la comercialización de las obras. «Queríamos hacer un espacio que no tuviera que ver con una cuestión ferial, pero que en la realidad sí cumpliera un círculo virtuoso», explica. De ahí que eligieran el nombre de Trámite, como una metáfora de los pasos y conexiones que hacen posible el encuentro entre los distintos actores del arte contemporáneo, pero también de la posibilidad de acercar este mundo a un público más amplio.

Crear un público para el arte contemporáneo
Al inicio del proyecto, sabían que Querétaro todavía era un público joven para el arte contemporáneo. Así que uno de sus primeros retos fue generar un ambiente donde las personas pudieran acercarse, preguntar y relacionarse con este mundo sin sentirse ajenas a él. Al preguntarles a la gente si les gustaba el arte contemporáneo, se encontraban constantemente con la misma respuesta: muchos aseguraban no saber nada de ello, como si se tratara de una disciplina tan inaccesible como la física cuántica. Así que querían alejarse de ciertas dinámicas que habían identificado en las ferias de arte donde «la gente piensa que debe decir cosas súper inteligentes», nadie habla y el propio ambiente snob marca una distancia con quienes no pertenecen a ese circuito.

La apuesta de Trámite entonces fue quitarle esta «solemnidad al acercamiento», llevar las obras fuera de sus contextos habituales y ponerlas en espacios donde las personas pudieran acercarse a ellas con mayor naturalidad. Así, comenzaron a aparecer en espacios cotidianos, abiertos y alternativos, donde el arte podía encontrarse con las personas de otra manera. En esos encuentros, además, quienes formaban parte del propio ecosistema —artistas, curadores, galeristas y directores de museos— guiaban los recorridos y conversaban con los asistentes sobre sus procesos, intereses y las razones detrás de sus proyectos.

Anatomía del encuentro
Trámite se encuentra integrado por varias secciones, como los Garages, espacios en los que participan curadores, quienes se encargan de revisar los portafolios de artistas de la región del Bajío y otros estados invitados. A partir de ese proceso, analizan y seleccionan las propuestas y posteriormente curan la exhibición con las obras elegidas.
En este camino se generan vínculos entre artistas y curadores que, en algunos casos, han derivado en nuevas oportunidades de exhibición en galerías y museos de México. También se crean redes entre los propios artistas participantes, quienes después organizan exposiciones en sus lugares de origen e invitan a creadores que conocieron durante la experiencia. Ha habido muy buenos resultados, como en el caso de Lucía Sanromán, que estuvo en la tercera edición y después llamó a un artista de Michoacán, de Cherán, para participar en una exhibición en el Museo de Bellas Artes.
También cuentan con Refugios, una sección que busca desafiar las prácticas tradicionales y fomentar la creación colaborativa de obra a través de la instalación, y el Espacio Efímero, dedicado a la formación de públicos a través de diálogos, archivos, charlas y conversatorios sobre el arte contemporáneo y su contexto social.
A través de estos tres ejes principales, Trámite ha abordado distintas temáticas en cada edición: desde la difusión y circulación del arte hasta su comercialización. Este año, el coleccionismo se convirtió en el tema central, en sintonía con el propio nombre de la plataforma: Trámite Buró de Coleccionistas. Se planteó cómo desmitificar el arte contemporáneo para que la gente llegue, se lleve una obra y no diga: «Yo no soy coleccionista».

Diez años de cariño
Además de poner el coleccionismo en el centro de esta edición, Trámite celebra este año su primera década de vida. Lo hace bajo el eslogan «Diez años de harto cariño».
Más que hacer un recuento de lo ocurrido durante estos diez años, la celebración busca hablar de lo que ha significado ese recorrido:
La programación reúne exposiciones, charlas, live sessions, performances, call to action y venta de obra. Por primera vez también habrá revisiones retrospectivas y premios de residencia, adquisición y divulgación. Las actividades tienen como sedes el Hotel Hércules, la Cinemateca Rosalío Solano, galería M108, el Museo de la Ciudad, Casa de la Contracultura, el Museo de Arte Contemporáneo y Pulso GNP, en el Autódromo de Querétaro, donde se realiza una actividad previa.

Entre los proyectos que forman parte de esta celebración está una retrospectiva de los Garages, con obra de artistas locales. La curadora Tania Ragasol seleccionó a diez creadoras queretanas a partir de la idea «Una habitación no es suficiente». Las piezas serán trasladadas a las etiquetas de un vino creado ex profeso por las propias artistas, en colaboración con la marca queretana Vinos Barrigones. La propuesta busca brindar por estos primeros diez años, pero también explorar otras plataformas para el arte y generar sinergias con otras industrias, además de incentivar otras formas de coleccionismo. La idea es que la exposición se inaugure durante esta edición y posteriormente itinere por otros lugares del país.
El arte también saldrá al encuentro del público en la séptima edición de Pulso GNP, que se realizará el 10 de octubre. Como parte del festival se instalará una pieza multidisciplinaria de gran formato, desarrollada por creadores de la Universidad Autónoma de Querétaro, la Universidad Anáhuac y el Tec de Monterrey. Inspirada en un dios de la música, la instalación está pensada para que el público pueda interactuar con ella. El objetivo, afirma la gestora, es ampliar la percepción sobre lo que puede ser una instalación artística y los espacios que puede habitar. Será la cuarta colaboración de Trámite con Pulso GNP. En ediciones anteriores han participado con obras de artistas como Héctor Zamora y Flaminguettes.
La celebración también contempla la presencia de artistas internacionales, como la española Marta Moreno, especializada en arte textil, así como de creadores de mediana trayectoria en México, a quienes Trámite llama «lxs chicxs nuevxs de la cuadra». Entre ellos están Cosa Raposo, de Hidalgo; Gonzalo García, de Puebla; Helena Garza, de Tlaxcala; Luis Rocca, de Guadalajara; Lucy Rodarte, de Zacatecas; Gibrán Turón, de Nayarit; y Ricardo Luévanos, de Guadalajara. A ellos se suma el trabajo de artistas seleccionados mediante distintas convocatorias de Garages por estado: Michoacán, Jalisco, Querétaro y Guanajuato, además de la categoría digital.
Otro de los proyectos centrales es Una y otra vez, para siempre y sin fin, una revisión a cargo del curador Michel Blancsubé sobre los artistas que han participado en Trámite. Para esta muestra fueron seleccionados. Diez creadores que ya habían formado parte del proyecto y uno que nunca había participado: Ale de la Puente, Arturo Hernández, Kikyz 1313, Mónica Garrido, Omar Benítez, Pablo Rasgado, Rafael Flores, Rafael Rodríguez, Sebastián Dosantos, Tania Bello e Yvonne Venegas.
En Los Refugios hay también un proyecto desarrollado en colaboración con Garambullo, en el municipio de Colón. Se trata de una residencia en la que la práctica artística está influenciada por la manera de habitar el semidesierto, la recolección del garambullo y la gastronomía queretana.
Entre los proyectos invitados está la exposición colectiva Covers, que propone reinterpretaciones de obras de distintos artistas, entre ellas Oroxxo, de Gabriel Orozco. También participa MKRPLSTKS, un colectivo que invita al público a tomar una siesta bajo la idea de que «en el sueño se encuentran las cosas».
En el apartado de instalaciones in situ llega GuggenSito, de Eder Castillo: un museo portátil y flotante, de estructura inflable, similar a un juego infantil, que parodia los grandes museos de arte moderno y aborda las exclusiones sociales producidas desde la cultura. También se presenta SEFT-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada), de Iván Puig, «una nave espacial que estuvo durante varios años pasando por todas las vías del tren, recolectando los vestigios de cómo se vivía y qué pasaba con esos trenes y esas largas distancias en México». La programación incluye, además, la proyección de El arte es oscuro y está lleno de horrores (2026), película del director y artista visual Artemio Narro sobre el mercado del arte contemporáneo. Y, en sintonía con el eje de coleccionismo de esta edición, se realiza un recorrido por la colección de arte de un coleccionista queretano, guiado por un curador, un psicólogo y un tatuador.








































