Querétaro como escenario y memoria: Josefa, el Musical
Por: Lorena Meeser
Asociación Mexicana de Críticos de Teatro A.M.C.T
Asociación Internacional de Críticos de Teatro I.A.T.C.

El reto de transformar la historia en teatro musical
Llevar acontecimientos históricos al teatro musical es un gran desafío dramatúrgico: evitar que el escenario se convierta en una lección o en una clase de historia ilustrada. Representar la conspiración de 1810 e intentar condensar el complejo contexto político y social de la Nueva España en una estructura cantada exige un equilibrio milimétrico entre la precisión documental y el lenguaje propio del género. El principal mérito de Josefa, el Musical reside precisamente en seleccionar y jerarquizar los hechos para que la densidad informativa no se imponga sobre la acción dramática ni disperse el conflicto central.
Escrita por José Dolores González, la propuesta busca alejarse de la representación solemne e institucional de Josefa Ortiz de Domínguez para explorar la dimensión humana de la conspiradora. La trama se sitúa en la Nueva España de 1810 y aborda las crecientes tensiones políticas y sociales que desembocaron en la lucha por la Independencia, mostrando la clandestinidad de las tertulias libertarias en Querétaro y los dilemas familiares y políticos que enfrentó la Corregidora.

En este marco, la narrativa entrelaza su vida cotidiana con las reuniones secretas y las diferencias ideológicas entre los criollos, culminando en el descubrimiento de la trama insurgente y el histórico "taconazo" con el que Josefa alertó a los insurgentes para adelantar el inicio de la contienda armada.
Sin embargo, adaptar este episodio al terreno de la comedia musical plantea desafíos técnicos, históricos y estructurales considerables:

El papel histórico de Josefa y su integración dramática: Josefa Ortiz de Domínguez desempeñó un rol estratégico al servir de nexo entre los grupos criollos, articular las reuniones secretas bajo la fachada de tertulias literarias en su propia casa y dar aviso de que la conspiración había sido descubierta en septiembre de 1810. En el escenario, el reto del musical consiste en traducir este papel crucial sin reducir a la heroína a un mero dispositivo argumental o a un símbolo estático, logrando equilibrar su faceta de estratega política con sus afectos, temores y compromisos familiares.
Estructura y ritmo dramático: Uno de los mayores obstáculos radica en condensar el denso panorama virreinal sin frenar la progresión de la obra. Explicar el contexto mediante breves transiciones musicales requiere un pulso fino para evitar que el ritmo decaiga y lograr que la figura de Josefa se mantenga de forma constante como el verdadero centro de gravedad del conflicto.
Integración de la música como motor narrativo: En la comedia musical, las canciones no pueden funcionar como simples pausas ilustrativas; deben hacer avanzar la trama, revelar las contradicciones internas de los personajes y canalizar la tensión. La obra enfrenta el reto de integrar texto, interpretación y movimiento orgánico para que el canto impulse la acción dramática.
Inclusión del humor y el romance sin restar tensión: Introducir momentos cómicos, matices románticos e intrigas secundarias en un relato signado por la clandestinidad y el riesgo de persecución exige una calibración técnica rigurosa. El peligro constante es que el tono ligero desdiga la gravedad de las decisiones y el peligro real que amenazaba a los conspiradores.
Adaptación a espacios de formato íntimo: A diferencia de las producciones de gran formato concebidas para teatros convencionales, el montaje debe adaptarse a las dimensiones de un foro alternativo. Esta escala condiciona directamente el trazo escénico, la iluminación, el uso de utilería y la movilidad de un elenco numeroso en escenas multitudinarias o en pasajes coreográficos.
Una obra con trayectoria: más de quince años de desarrollo
Josefa, el Musical no es una producción reciente ni improvisada; el proyecto ha tenido varias etapas y reestructuraciones a lo largo de más de una década y media:
Querétaro (2010): Sus antecedentes se remontan a su estreno original en el Auditorio Josefa con un elenco de alrededor de 30 actores y la participación en vivo de la Orquesta Filarmónica de Querétaro.
Ciudad de México (2017): Tras su desarrollo inicial, la obra llegó a escenarios de la capital del país con una producción integrada por veinte intérpretes y orquesta en vivo. Aquella versión estuvo encabezada por Jimena Parés (como Josefa) y Manuel Landeta (como el Santo Inquisidor), bajo la dirección escénica de Edgar Cañas, la dirección musical de Ricardo Robledo y la coreografía de Gerry Pérez.
Querétaro (Etapa actual): Esta trayectoria permite entender la presente temporada como la maduración de un proyecto que ha buscado insistentemente trasladar un pasaje fundamental de la identidad nacional a la comedia musical.
La puesta en escena en La Carreta de Tespys
El presente montaje marca la apertura de La Carreta de Tespys, un nuevo foro alternativo acondicionado en el patio de una antigua casona en la calle 5 de Mayo, en pleno Centro Histórico de Querétaro.

Bajo la dirección escénica de Verónica Carranco (titular de El Sótano Teatro), el montaje resuelve con agilidad las limitaciones espaciales del recinto, equilibrando la intensidad dramática de las reuniones clandestinas con el dinamismo de las escenas colectivas. Su trabajo guía al elenco para transitar con fluidez entre la solemnidad histórica, los matices cómicos y la expresividad que requiere el teatro musical.

La coreografía es de Adriana Mendoza; la interpretación estelar está a cargo de Fátima Saavedra en el papel de la Corregidora —acompañada por un elenco de más de veinte actores— y Miguel Loyola es el encargado de la dirección artística. Todos ellos asumen las particularidades de este espacio de formato íntimo.

La cercanía física entre intérpretes y espectadores reconfigura la espacialidad. La producción aprovecha la arquitectura tradicional, la iluminación y un diseño de vestuario y utilería que sitúa visualmente el periodo histórico sin caer en una reconstrucción documental rígida. De este modo, se representan tanto los ambientes oficiales del gobierno virreinal como la intimidad de las tertulias clandestinas.

En esta temporada, Fátima Saavedra aborda las múltiples aristas del personaje: la esposa y madre, la mujer integrada a la sociedad criolla, la conspiradora y la figura histórica cuya decisión cambió el rumbo del país. El montaje articula actuación, canto y danza en un despliegue de gran exigencia. Si bien se observan áreas de oportunidad susceptibles de fortalecerse —como el ajuste vocal y la claridad en la articulación sonora—, estos matices no opacan la relevancia de la propuesta.
Poner en escena una producción de estas dimensiones en el ámbito local implica movilizar recursos económicos, técnicos y creativos considerables. Apoyar y consolidar proyectos escénicos de esta magnitud en Querétaro resulta imprescindible para el desarrollo del teatro local.
La mayoría de las grandes producciones musicales que se presentan en México son adaptaciones de éxitos internacionales, muchas de ellas de origen cinematográfico o de musicales de Broadway y del West End.

Josefa, El Musical parte de una materia distinta: un personaje mexicano y uno de los acontecimientos más importantes de la historia nacional.
Esa decisión abre posibilidades interesantes, pero también requiere mayor exigencia. El hecho de abordar un tema histórico mexicano no sustituye las demandas artísticas y técnicas del género.

La visión de la dirección artística
El nacimiento de este recinto se entiende a partir de la visión de su director artístico, Miguel Loyola. El actor, dramaturgo y director regresó a Querétaro tras radicar siete años en Nueva York con la encomienda de poner en marcha La Carreta de Tespys. Loyola —reconocido por su trabajo al frente de El Centauro Mecánico y por sus proyectos de teatro comunitario sobre migración en la Sierra Gorda— venía de estrenar Odisea y las flores del Sol en el célebre Theater for the New City (referente del movimiento Off-Off-Broadway).

A mitad de dicha temporada neoyorquina, aceptó la invitación para encabezar este proyecto, concebido no solo como foro de exhibición, sino como un centro de desarrollo artístico dedicado a la creación, investigación, producción, formación e intercambio de conocimientos para la comunidad teatral queretana.

Querétaro como escenario y memoria viva
Existe un valor añadido imposible de disociar de esta temporada: Querétaro no es únicamente el lugar donde se representa la obra, sino también la escenografía real donde ocurrieron los hechos.

Al escenificar la Conspiración de 1810 en una antigua casona del Centro Histórico, se establece un vínculo directo entre el escenario y la memoria colectiva. El espectador atestigua la ficción a escasos metros del recinto donde se gestó el movimiento insurgente. La propuesta de La Carreta de Tespys logra integrar el patrimonio arquitectónico de la ciudad con el teatro musical contemporáneo, convirtiendo el propio entorno urbano en un personaje silencioso pero fundamental de la narración.

Tespis de Ícaria (siglo VI a. C.): primer actor de la historia
Dramaturgo y poeta griego considerado el primer actor de la historia y el padre de la tragedia occidental. Su gran innovación en las festividades en honor al dios Dionisio consistió en separarse del coro tradicional para encarnar a un personaje individual y entablar un diálogo con él mediante el uso de máscaras. Además, según la tradición, viajaba de pueblo en pueblo presentando sus obras en un carro ambulante, lo que dio origen a la expresión "el carro de Tespis" para referirse a la naturaleza itinerante y apasionada del oficio teatral.

La Carreta de Tespys
5 de Mayo No. 94, Centro Histórico
Tercer Patio de la Casona Montesacro
Santiago de Querétaro, Querétaro
76000

Fechas
Octubre: 15, 16, 17, 22, 23, 24, 29 y 30
Noviembre: 6, 7, 12, 13, 14, 19, 20 y 21
Hora: 20:00 horas
Venta de boletos








































