SERVIAM: el latido eterno del Colegio Merici, donde aprendimos a servir y a ser
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- hace 3 días
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Merici: donde la educación se convirtió en destino
Por: Lorena Meeser
Hay colegios que enseñan.
Y hay otros —muy pocos— que se convierten en una parte indeleble de la identidad.
El Colegio Merici pertenece a esa segunda categoría. No es solamente una institución educativa: es memoria viva, es comunidad, es carácter. Es el lugar donde generaciones aprendieron matemáticas e idiomas, pero también lealtad, disciplina, sensibilidad y compromiso. Donde la palabra SERVIAM no era un lema decorativo, sino una forma de vida.
1954: el inicio de una vocación
La historia del Merici comienza en 1954, en la Ciudad de México, que empezaba a expandirse hacia el poniente, cuando un grupo de religiosas Ursulinas, inspiradas por el legado de Santa Ángela Merici, decidió fundar una escuela para niñas con una misión clara: formar mujeres íntegras, críticas, sensibles y comprometidas.
Antes de llegar a su hogar definitivo, la Academia tuvo varias sedes.
Primero en Gutenberg, después en Hegel, en Polanco. Aulas que hoy viven únicamente en la memoria de quienes dieron ahí sus primeros pasos escolares, pero que marcaron el espíritu fundacional del colegio: cercanía, exigencia y cuidado.
El crecimiento fue tan rápido como natural. Lo que comenzó con unas cuantas alumnas pronto se transformó en una comunidad sólida, viva, exigente y profundamente humana.

El traslado a Palo Alto: cuando el colegio encontró su lugar
A finales de los años sesenta se tomó una decisión que cambiaría la historia del Merici para siempre: construir un campus propio en lo que entonces eran prácticamente las afueras de la ciudad, en Palo Alto, Cuajimalpa, a la altura del kilómetro 14 de la carretera México–Toluca.
Rodeado de bosque, silencio y aire limpio, el nuevo campus fue concebido como algo más que una escuela. Fue diseñado —por arquitectos de gran prestigio como la firma de Manuel Rocha— para integrarse con la naturaleza: salones abiertos, ventilación natural, piedra volcánica, concreto aparente y espacios que invitaban a pensar, convivir y crecer.
El auditorio, la capilla, los patios y los corredores no eran simples estructuras: eran escenarios de vida. Ahí se celebraron graduaciones, ceremonias, obras de teatro, festivales del Día de las Madres, conmemoraciones del Día de Muertos, celebraciones de Halloween y presentaciones de la estudiantina. Cada evento fortalecía un sentido profundo de pertenencia.

Una vocación que cruzó fronteras
El espíritu ursulino no se limitó a México. En 1955, por invitación del Arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias Blanco, las Hermanas Ursulinas establecieron un instituto bilingüe que ofrecía a las jóvenes la posibilidad de aprender inglés sin salir de su país.
El 15 de agosto de ese año se formalizó su instalación y el 16 de septiembre abrió sus puertas con 120 alumnas desde kínder hasta cuarto grado. Al año siguiente se completó la primaria y en 1957 se abrió el bachillerato. Con el tiempo, la institución se consolidó en Cerro Verde, Municipio El Hatillo, ampliando su infraestructura y su impacto educativo.
Décadas después se construiría el Sister Carmelita Hall (2010–2014), en homenaje a Sister Carmelita Gouveia, religiosa que durante 50 años dejó una huella profunda en la formación ursulina en Venezuela. Hoy, hermanas como la Priora Sister Brenda Ferreira y Boguslawa Kalinowska mantienen viva la presencia espiritual en la institución.
El Merici, así, se convirtió en parte de una red internacional con una misma raíz: educar para servir.

El Merici y su comunidad
Desde su llegada a Palo Alto, el colegio se integró como vecino activo de la comunidad. Con el paso de los años, la zona experimentó un intenso desarrollo inmobiliario: hoy conviven colonias populares y algunos de los sectores de mayor plusvalía de la ciudad.
Consciente de ese entorno, el Merici fortaleció su vínculo social a través de programas de servicio en la primaria pública de Palo Alto, campañas de donación y el préstamo de instalaciones cuando la comunidad lo necesita. SERVIAM convertido en compromiso tangible.
El campus, de aproximadamente 20 mil metros cuadrados con amplias áreas verdes, ofrece espacios diferenciados para cada nivel educativo. Preescolar rodeado de jardines; primaria con aulas multimedia; bachillerato adaptado a modalidades presenciales y virtuales.
Las instalaciones deportivas completan la formación integral: gimnasio techado con capacidad para 1,200 personas, canchas de basquetbol y voleibol, multi-cancha para fútbol, tochito bandera, béisbol y atletismo al aire libre.

Educación con carácter y ternura: el colegio que nos enseñó a servir y a ser
Las Ursulinas no solo dirigían una escuela, acompañaban procesos de vida. Figuras como la Madre Gabriela de San Martín marcaron generaciones con una pedagogía que combinaba firmeza y humanidad.
“Suaves en el modo, firmes en el objeto”, repetía.
Bajo esa premisa se formaron mujeres preparadas académicamente, pero también sensibles al arte, abiertas al pensamiento crítico y comprometidas con su entorno.
Con el paso del tiempo, y ante la disminución de vocaciones religiosas, el Merici vivió una transformación ejemplar: pasó de ser academia femenina dirigida exclusivamente por religiosas a convertirse en un colegio laico, mixto y bilingüe, administrado por una asociación civil. La transición fue emotiva, pero la esencia permaneció intacta.

SERVIAM: una palabra que resume una vida
El escudo del Merici, con sus siete estrellas que evocan la constelación de la Osa Menor, simboliza guía y orientación. No es casualidad. El colegio aspira a ser un referente en la vida de sus alumnos.
SERVIAM —“Serviré”— es la síntesis de esa misión.
Servir con excelencia académica.Servir a la comunidad. Servir con amor y responsabilidad.

La memoria que permanece
Recordamos las kermeses esperadas durante semanas; la cafetería donde se compartían secretos. Las obras de teatro ensayadas con nervios y entusiasmo. Los festivales del Día de Muertos y Halloween. Las celebraciones del Día de las Madres llenaban el auditorio de aplausos. La estudiantina que daba identidad y música a los pasillos.
No era solo asistir a clases.
Era crecer juntas.
Hoy, muchas exalumnas regresan para inscribir a sus hijos. El pasado no es una nostalgia inmóvil: es un legado activo.
Porque el Colegio Merici no es solo un campus en la carretera México–Toluca ni una sede en Cerro Verde.
Es educación con alma.
Es comunidad.
Es carácter.
Y, sobre todo, es ese hogar al que —de manera silenciosa pero profunda— siempre volvemos.
El espíritu Merici: formar para servir, educar para trascender SERVIAM.
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