Harvard: cuatro siglos forjando el poder del conocimiento
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Por: Lorena Meeser
En el corazón de Cambridge, junto al río Charles entre edificios de ladrillo rojo cubiertos de enredaderas, se encuentra una institución que precede incluso al nacimiento de Estados Unidos. La Universidad de Harvard no es solo la más antigua del país; es un símbolo de poder intelectual, de influencia política y de ambición global. Su historia comienza en un territorio todavía salvaje y termina en la cima del mundo académico.

Aspectos clave de la Universidad de Harvard:
Fundación y prestigio: se fundó el 8 de septiembre de 1636; es una universidad privada de investigación de la Ivy League. Es la institución de educación superior más antigua de Estados Unidos. Frecuentemente clasificada como la mejor universidad del mundo, destacada por su excelencia académica, investigación intensiva y gran diversidad.
Estructura: comprende 14 escuelas y facultades, incluyendo Harvard College para estudiantes de pregrado, así como escuelas de Negocios, Derecho, Medicina, Gobierno Kennedy, entre otras. Está enfocada en la formación de líderes.
Ubicación: su campus principal está en Cambridge, Massachusetts, con instalaciones adicionales en Boston (Allston y Longwood).
Formación y diversidad: se centra en una educación integral, cuenta con una comunidad diversa, busca formar líderes y fomentar un entorno equitativo.
Historia e influencia: ha graduado a ocho presidentes de EE.UU. y ha sido, desde sus inicios, una institución clave en la investigación y la educación, incluyendo el histórico "Indian College" del siglo XVII.
Además, estudiantes y exalumnos de Harvard han obtenido colectivamente diez premios Óscar y ciento diez medallas olímpicas, incluidas cuarenta y seis de oro.

El origen: un acto de fe en tierra desconocida (1636)
En 1636, cuando las colonias inglesas en Norteamérica apenas comenzaban a consolidarse, la Corte General de la Colonia de la Bahía de Massachusetts aprobó la creación de un colegio. No lo hicieron por prestigio ni por gloria, sino por temor: temían que, sin ministros formados, la fe puritana se debilitara en el Nuevo Mundo.
Aquella escuela primero se llamó“New College”. Era poco más que un edificio de madera y un proyecto incierto. Sin embargo, el gesto visionario de un joven clérigo cambiaría su destino.

John Harvard: el hombre que dio nombre a un mito
En 1638, John Harvard murió de tuberculosis con tan solo 30 años. En su testamento dejó la mitad de su fortuna y su biblioteca personal —unos 400 volúmenes, un tesoro para la época— al pequeño colegio colonial.
En agradecimiento, la institución adoptó su apellido. No fue su fundador formal, pero sí su primer gran benefactor y el impulso que permitió consolidar la escuela. Así nació Harvard College.

De seminario puritano a laboratorio de la ilustración
Durante el siglo XVIII, Harvard comenzó a transformarse. La teología dejó de ser el único eje. Las ciencias naturales, la filosofía y el pensamiento ilustrado ganaron terreno. Cuando estalló la Guerra de Independencia, el campus sirvió como cuartel para el ejército de George Washington. La institución ya no solo formaba pastores: formaba arquitectos de una nueva nación.

En el siglo XIX llegaría la gran revolución académica bajo el liderazgo de Charles William Eliot. Su presidencia (1869–1909) transformó radicalmente la universidad: implantó el sistema electivo, amplió la investigación científica y profesionalizó la educación superior. Harvard dejó de ser un colegio clásico para convertirse en una universidad moderna.

La expansión: facultades que cambiaron el mundo
Con el paso de los siglos, Harvard se convirtió en un ecosistema académico compuesto por múltiples escuelas especializadas:
Harvard Medical School (1782): referente mundial en investigación biomédica.
Harvard Law School (1817): semillero de jueces, diplomáticos y presidentes.
Harvard Business School (1908): creadora del célebre método del caso, replicado en todo el planeta.
Su fondo de dotación (endowment) es el más grande del mundo universitario, lo que le permite financiar investigaciones, becas y proyectos globales con una autonomía inusual.

El poder de sus egresados
Harvard no solo produce títulos: produce influencia.
Ocho presidentes estadounidenses pasaron por sus aulas, entre ellos:
John Adams
Franklin D. Roosevelt
John F. Kennedy
Barack Obama
En el ámbito empresarial y tecnológico destacan nombres que redefinieron la economía global:
Bill Gates (abandonó los estudios para fundar Microsoft)
Mark Zuckerberg (creó Facebook desde su dormitorio universitario)
En literatura, ciencia y cultura figuran personalidades como:
T. S. Eliot
Neil deGrasse Tyson
Natalie Portman
Más de 160 premios Nobel han estado vinculados a Harvard como estudiantes, profesores o investigadores. Ninguna otra institución académica concentra semejante capital intelectual.

Luces y sombras: el desafío de la inclusión
Durante siglos, Harvard fue un bastión masculino, blanco y elitista. Las mujeres ingresaron formalmente a través de Radcliffe College antes de la integración definitiva en el siglo XX. La diversidad racial y social avanzó lentamente, y aún hoy la universidad enfrenta críticas por su selectividad y desigualdades estructurales.
Sin embargo, también ha sido escenario de movimientos estudiantiles, debates ideológicos y transformaciones sociales que reflejan las tensiones de la sociedad estadounidense.

Tradiciones, mitos y ritual
En el Harvard Yard se encuentra la célebre estatua de John Harvard, conocida como “la estatua de las tres mentiras”: ni representa fielmente al personaje, ni fue el fundador, ni la fecha inscrita es exacta. Aun así, turistas de todo el mundo tocan su pie en busca de buena suerte.
La Johnston Gate simboliza el ingreso a una comunidad selecta; cruzarla el día de la graduación es un rito que cierra un ciclo de exigencia intelectual extrema.

Harvard hoy: más que una universidad, una marca global
En el siglo XXI, Harvard lidera investigaciones en inteligencia artificial, salud pública, economía global y cambio climático. Su influencia trasciende el aula: asesora gobiernos, forma líderes empresariales y dicta tendencias académicas.
Su lema, Veritas (Verdad), resume cuatro siglos de ambición intelectual. Pero Harvard no es solo un lugar; es una red de poder, un laboratorio de ideas y, para muchos, el símbolo máximo de excelencia académica.

Forjando el futuro
Lo que comenzó como un pequeño colegio puritano en una colonia incierta es hoy un imperio del conocimiento. Harvard ha sobrevivido a guerras, crisis económicas, revoluciones culturales y disputas ideológicas. Se ha reinventado sin renunciar a su esencia.
En sus pasillos se mezclan tradición y vanguardia. Y mientras el mundo cambia a una velocidad vertiginosa, la institución que nació para preservar la fe en el siglo XVII continúa defendiendo algo aún más ambicioso: la fe en el poder transformador del saber.
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