Desireé Awad Abed: Cuando la experiencia corre más rápido que la juventud
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- 2 days ago
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El cronómetro no miente: Desireé Awad Abed y la nueva longevidad del alto rendimiento
Por: Lorena Meeser

En el mundo del deporte de alta resistencia, existe una máxima no escrita: el cuerpo tiene un límite y el tiempo es el rival más implacable. Sin embargo, en el asfalto de las rutas ciclistas y en el vaivén de las aguas abiertas, hay un nombre que está desafiando las leyes de la fisiología y la lógica competitiva: Desireé Awad Abed.

Triatleta, ciclista de fondo y nadadora de precisión, Awad Abed no solo es una presencia constante en el podio; se ha convertido en el estándar de oro de su categoría. Pero reducir su éxito a simples medallas de primer lugar sería ignorar el fenómeno real que ocurre cada vez que cruza la meta: un rendimiento que trasciende edades, generaciones y expectativas.
Awad Abed compite hoy en la categoría de los sesenta, una edad que durante décadas estuvo asociada al retiro deportivo y no al alto rendimiento. En otra época, para atletas de ese rango de edad, subir a un podio -mucho menos marcar tiempos competitivos- era una excepción. Hoy, Desireé no solo desafía ese paradigma: lo reescribe con cada competencia.
A lo largo de los años, su nombre se repite una y otra vez en listas de resultados, en ceremonias de premiación y en conversaciones de pasillo entre entrenadores y atletas. “¿Ya viste el tiempo de Desireé?”, suele escucharse. La pregunta no alude a su lugar en el ranking -casi siempre el primero- sino al asombro que sus cronómetros provocan
La excelencia como hábito
Para Desireé, ganar su categoría se ha vuelto una costumbre que roza lo inevitable. Su vitrina de trofeos es un testimonio silencioso de una disciplina espartana, pero son los tiempos oficiales los que cuentan la historia más fascinante.

En múltiples competencias, jueces y espectadores han sido testigos de una realidad que desafía la lógica tradicional del alto rendimiento: sus registros no solo superan a los de sus contemporáneas, sino que, con frecuencia pulverizan los tiempos de atletas mucho más jóvenes.
Mientras otras competidoras comienzan a pagar la factura física en los tramos finales -fatiga muscular, pérdida de cadencia, respiración forzada-, Awad Abed parece encontrar una marcha adicional. Una reserva de potencia que no surge de la improvisación, sino de años de conocimiento corporal, estrategia y control mental.
No es casualidad que su nombre aparezca reiteradamente encabezando clasificaciones generales o colándose entre los mejores tiempos absolutos. Desireé compite desde la experiencia, con una inteligencia deportiva que se afina con los años.

El triatlón: su máximo tablero de ajedrez
Dominar una disciplina es complejo; dominar tres de forma consecutiva es una tarea reservada para una élite muy específica. El triatlón no perdona errores y castiga la improvisación. En ese tablero de ajedrez físico y mental, Desireé Awad Abed juega con ventaja.
En el agua, exhibe una técnica depurada, hidrodinámica eficiente y una calma que le permite salir en posiciones de vanguardia sin comprometer energía innecesaria. No pelea el agua: la interpreta.
Sobre los pedales, suele marcar el punto de inflexión. Mantiene vatios de potencia constantes, administra el esfuerzo con precisión quirúrgica y desgasta psicológicamente a sus rivales. Es ahí donde muchas carreras empiezan a definirse.
En la carrera a pie, despliega una resistencia cardiovascular que combina experiencia y lectura perfecta del propio cuerpo. Sabe cuándo contenerse y cuándo atacar. No corre contra el reloj; corre con él.
Analistas del circuito coinciden en una evaluación unánime:
“El éxito de Desireé no es casualidad ni genética pura; es el resultado de una metodología de entrenamiento donde la calidad siempre vence a la cantidad.”

Más allá del podio: consistencia, ciencia y mente
Uno de los rasgos menos visibles —pero más determinantes— del rendimiento de Awad Abed es su consistencia. A diferencia de atletas que alcanzan picos breves de éxito, Desireé se mantiene competitiva temporada tras temporada.
Su preparación no responde a modas ni soluciones milagro. Se basa en principios claros: técnica refinada, recuperación inteligente, nutrición estratégica y una comprensión profunda de sus propios límites… para saber exactamente cómo superarlos.
En entrevistas previas, Desireé ha señalado que el verdadero enemigo no es el cansancio físico, sino la negociación mental: ese momento en el que el cuerpo pide detenerse y la mente decide si obedece o no. En ese punto crítico, ella rara vez titubea.
Fuera del circuito competitivo, lejos del ruido de las transiciones y del pulso acelerado de las carreras, Desireé es amante de los gatos, habla de ellos con la misma serenidad con la que analiza una estrategia de competencia.
Su vínculo con ellos forma parte de su equilibrio emocional y de una rutina de descanso tan cuidada como su entrenamiento, recordándole que incluso en el alto rendimiento, la calma también es una forma de fortaleza.
Un legado en movimiento
Más allá de estadísticas, trofeos y rankings, el impacto real de Desireé Awad Abed radica en algo mucho más profundo: la redefinición de la longevidad deportiva.
En una era que rinde culto casi exclusivo a la juventud, su trayectoria demuestra que el rendimiento pico no es una fecha en el calendario, sino un horizonte móvil. Cada competencia es una prueba de que la disciplina sostenida, el conocimiento técnico y la fortaleza mental pueden prolongar —e incluso mejorar— el nivel competitivo con el paso del tiempo.
Cada vez que Desireé gana un trofeo, envía un mensaje contundente a nuevas generaciones de atletas:el talento puede dar velocidad, pero la constancia construye permanencia.
Ella no compite únicamente contra las demás participantes. Compite contra la idea de lo que se considera posible en el deporte de resistencia.Y hasta ahora, el cronómetro sigue dándole la razón.
A título personal, y más allá del ejercicio periodístico, este reconocimiento tiene un valor especial. Conozco a Desireé Awad Abed desde el kínder, y ver cómo aquella niña curiosa y determinada se convirtió en un referente del alto rendimiento es motivo de orgullo y admiración. Felicitarla no es solo celebrar sus triunfos deportivos, sino la constancia, la disciplina y la pasión que ha sabido sostener a lo largo de toda una vida.
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