Noruega y Venezuela: dos destinos opuestos frente a la riqueza petrolera
- visionempresarial
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Un estudio paradigmático de la “maldición de los recursos”
En 1960, Noruega y Venezuela compartían un punto de partida sorprendentemente similar: economías pequeñas pero prometedoras, democracias funcionales y un PIB per cápita comparable, impulsado en gran medida por recursos naturales. Seis décadas después, sus trayectorias no solo se bifurcaron, sino que se convirtieron en ejemplos antagónicos de cómo la calidad de sus instituciones determina si la riqueza natural se transforma en bienestar sostenido o en colapso estructural.

1. Historia y política: el papel de las instituciones y su peso decisivo
Noruega: instituciones antes que petróleo
Noruega descubrió petróleo en el Mar del Norte en 1969, cuando ya contaba con:
Un Estado de derecho sólido
Alta confianza social
Tradición de consensos multipartidistas
Administración pública profesional y transparente
Desde el inicio, se estableció un principio clave: el petróleo no debía distorsionar la economía ni la democracia. El Estado reguló estrictamente la explotación, evitó la captura política de la renta y protegió la autonomía de sus instituciones. La política petrolera fue —y sigue siendo— una política de Estado, no de gobierno: el país decidió que la riqueza pertenecía a las generaciones futuras.
Estableció un marco legal estricto para evitar que el dinero inundara la economía de golpe (evitando la "Enfermedad Holandesa"). Su política se basa en el consenso multipartidista y la transparencia.

Venezuela: del pacto democrático al hipercentralismo
En contraste, Venezuela en los años 60 era una de las democracias más estables de América Latina, con alternancia política y crecimiento sostenido. Sin embargo, el país cayó progresivamente en un modelo rentista:
Dependencia casi total del petróleo
Estado sobredimensionado
Débil diversificación productiva
A partir de 1999, el modelo se radicalizó hacia un hipercentralismo estatal, con concentración de poder, erosión de la separación de poderes y debilitamiento de los mecanismos de rendición de cuentas. La renta petrolera dejó de ser una palanca de desarrollo para convertirse en un instrumento de control político.

2. Gestión de la riqueza petrolera: ahorro versus gasto
La diferencia estructural más profunda entre ambos países es qué hicieron con el dinero del petróleo.
Noruega: pensar en generaciones futuras
Noruega creó el Fondo Global de Pensiones del Gobierno (1990), hoy el fondo soberano más grande del mundo.
Ahorra casi el 100 % de los ingresos petroleros
Invierte exclusivamente en el extranjero para evitar inflación y “Enfermedad Holandesa”
El Estado solo puede gastar el rendimiento anual (~3%)
Gobernanza con auditorías, transparencia y control parlamentario
Resultado: estabilidad macroeconómica incluso en ciclos de precios bajos.
Venezuela: renta para gasto inmediato
Venezuela creó diversos fondos (FONDEN y otros), pero:
Se usaron para gasto corriente, subsidios y megaproyectos
Sin reglas claras ni auditoría independiente
Alta opacidad y politización
Cuando los precios del petróleo colapsaron en 2014, el país no tenía colchón financiero. La caída de ingresos detonó hiperinflación, default de deuda, colapso de servicios públicos y una crisis humanitaria sin precedentes en la región.

Energía y transición ecológica: exportar petróleo, consumir renovables
A pesar de ser potencias petroleras, sus enfoques energéticos internos son opuestos:
Noruega: petróleo hacia afuera, energía limpia hacia adentro
Paradójicamente, Noruega es hoy:
Uno de los mayores exportadores de petróleo y gas
Un país con red eléctrica casi 100 % renovable (hidroeléctrica y eólica) permitiéndoles exportar su petróleo mientras ellos consumen energía limpia.
Líder mundial en movilidad eléctrica: más del 90 % de de las ventas de autos en 2024 fueron eléctricos
La estrategia es clara: monetizar el petróleo mientras se prepara una economía post-fósil.

Venezuela: potencial desperdiciado
Venezuela posee:
Enormes reservas petroleras
Gran potencial eólico y solar
Sin embargo:
Su sistema eléctrico (dependiente del Guri) sufre colapsos recurrentes
Falta de mantenimiento e inversión
Racionamientos constantes
La transición energética es prácticamente inexistente y los autos eléctricos son un nicho marginal.
4. Indicadores socioeconómicos comparados (2024–2025)
Indicador | Noruega | Venezuela |
Sistema político | Democracia plena (Top 3 mundial) | Autoritarismo / democracia fallida |
PIB per cápita | ~90,000–100,000 USD | ~3,500 USD (estimado) |
Deuda pública | ~40 % del PIB (con activos superiores) | >150 % del PIB (default técnico) |
Desarrollo humano | IDH muy alto (1–2 mundial) | IDH en fuerte retroceso |
Migración | Receptora | +7 millones de emigrantes |
Desigualdad (Gini) | Muy baja | Muy alta |
5. Educación y trabajo: capital humano vs. fuga de cerebros
Noruega: educación como inversión estratégica
Educación pública gratuita y de alta calidad
Universidades conectadas con innovación, tecnología y sostenibilidad
Fuertes sindicatos
Condiciones laborales dignas y equilibrio vida–trabajo
La riqueza petrolera potenció el capital humano, no lo sustituyó.

Venezuela: deterioro del sistema educativo
Venezuela tuvo universidades de élite regional, pero la crisis provocó:
Salarios docentes insuficientes
Deserción escolar
Colapso de servicios básicos
Fuga masiva de profesionales y científicos
El capital humano, uno de sus mayores activos históricos, se ha erosionado dramáticamente.

Conclusión: la verdadera riqueza no está bajo tierra
Noruega y Venezuela demuestran que los recursos naturales no determinan el destino de un país. Lo hacen las instituciones, la transparencia, la democracia y la capacidad de pensar a largo plazo.
Noruega usó el petróleo para fortalecer su democracia y prepararse para un futuro sin petróleo.
Venezuela usó el petróleo para sostener un modelo político insostenible, dependiente y vulnerable.
Más que un contraste económico, este es un recordatorio contundente:la riqueza mal gestionada puede convertirse en una maldición, mientras que la buena gobernanza puede transformar incluso recursos finitos en prosperidad duradera.
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